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Antonio Sáez (Wings): "La tecnología nos dará mejores datos; a nosotros nos toca seguir construyendo las mejores relaciones"

Entrevista al CEO de Wings y mentor del programa Scaleup Growth

CEEI Elche

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Publicado el jueves, 02 de abril de 2026 a las 09:54

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Antonio Saez

Antonio Saez

En un contexto donde el acceso al capital sigue marcando el ritmo de crecimiento empresarial, Antonio Saéz (Wings) desmonta algunos de los mitos más arraigados sobre la financiación, desde el momento adecuado para buscarla hasta el impacto de la inteligencia artificial en las decisiones de inversión. Sáez hace una radiografía clara y práctica de cómo deben pensar hoy las empresas si quieren competir y crecer en un entorno cada vez más exigente y tecnológico.

El acceso a financiación sigue siendo uno de los grandes retos para muchas empresas. Desde tu experiencia, ¿En qué momento debería una empresa plantearse buscar financiación externa para impulsar su crecimiento?

Hay una frase que repito mucho en mis sesiones: “la financiación hay que buscarla cuando no la necesitas”. Parece contradictorio, pero es la clave. El mejor momento para plantearse financiación externa es cuando la empresa está sana, tiene un plan de crecimiento claro y necesita dar un salto que sus propios recursos no le permiten dar a la velocidad adecuada.

Te pongo un ejemplo muy cercano: imagina una empresa de mecanizados que factura 2 millones de euros y tiene la oportunidad de entrar en un nuevo sector, por ejemplo, el aeroespacial, pero necesita invertir 800.000 euros en una máquina CNC de 5 ejes. Si espera a generar ese capital internamente, quizá la oportunidad ya ha pasado. Ahí es donde la financiación externa tiene sentido: no para sobrevivir, sino para crecer más rápido que con tus propios medios.

En general, yo identifico tres momentos clave: cuando hay una oportunidad de mercado con ventana temporal limitada, cuando el crecimiento orgánico se queda corto respecto al potencial real del negocio, y cuando necesitas escalar operaciones (más equipo, más tecnología, más presencia) para consolidar una posición competitiva.

 


«La financiación correcta no es solo dinero, es el dinero adecuado con las condiciones adecuadas»


 

Cuando trabajas con una empresa que necesita financiación, ¿Cuáles son los aspectos clave que analizas primero para determinar qué tipo de financiación es la más adecuada?

Lo primero que hago siempre es entender la empresa por dentro, no empezar por el producto financiero. Es como ir al médico: antes de recetarte nada, tiene que hacerte un buen diagnóstico.

En concreto, analizo cuatro dimensiones: primero, la estructura financiera actual —cuánta deuda tiene, cuál es su ratio de endeudamiento, cómo está la tesorería—. Segundo, el propósito de la financiación: no es lo mismo financiar circulante que una adquisición o un proyecto inmobiliario; cada caso pide un instrumento diferente. Tercero, la capacidad de devolución: modelo los flujos de caja futuros para ver si la empresa puede asumir las cuotas o los retornos comprometidos sin asfixiarse. Y cuarto, el perfil del empresario: hay dueños que prefieren no ceder control, para ellos la deuda es mejor opción, y otros que están abiertos a compartir capital si eso les da acceso a conocimiento y contactos.

Por ejemplo, hace poco trabajé con una startup de salud digital que necesitaba 400.000 euros. Tenía buenos márgenes, pero poco histórico. Un banco no le iba a dar un préstamo razonable. La solución fue una ronda con inversores privados que, además de capital, traían experiencia en regulación sanitaria. La financiación correcta no es solo dinero, es el dinero adecuado con las condiciones adecuadas.

 


«Ir a pedir financiación sin un plan es como ir a una entrevista de trabajo sin currículum»


 

Muchas empresas acuden a financiación cuando ya tienen un problema de liquidez. ¿Cuáles son los errores más habituales que cometen las empresas al buscar financiación?

El error número uno, sin duda, es llegar tarde. Cuando una empresa busca financiación porque ya no puede pagar nóminas o proveedores, negocia desde una posición de debilidad. Y el que está enfrente —sea un banco o un inversor— lo nota enseguida.

El segundo error es no tener los deberes hechos. Me encuentro con empresas que van a una reunión con un banco sin un plan financiero sólido, sin proyecciones claras, sin saber explicar su modelo de negocio en números. Es como ir a una entrevista de trabajo sin currículum. Los prestamistas e inversores quieren ver que has pensado el tema a fondo.

El tercer error es enamorarse de un único instrumento. Muchos empresarios solo piensan en el préstamo bancario clásico, cuando quizá lo que necesitan es una línea de confirming, un leasing, una ronda de inversión o incluso una combinación de varias fórmulas.

Y el cuarto, que veo muchísimo, es mezclar la caja de la empresa con el bolsillo del empresario. Sobre todo en pymes familiares, donde no hay una separación clara entre las finanzas personales y las de la empresa. Esto genera desconfianza en cualquier interlocutor financiero. Antes de salir a buscar dinero, hay que tener la casa ordenada.

 


«No hay un instrumento mejor que otro; hay un instrumento más adecuado para cada situación»


 

En los últimos años han surgido nuevas alternativas más allá de la banca tradicional, como el crowdfunding, el venture capital o el private equity. ¿Cómo está cambiando este nuevo ecosistema la forma en que las empresas se financian?

El cambio es enorme, y creo que es muy positivo. Durante décadas, en España el modelo era bastante simple: o tenías dinero propio, o ibas al banco. Hoy el abanico es mucho más amplio y eso democratiza el acceso al capital.

El venture capital y el private equity han crecido muchísimo en España en los últimos cinco años. Ya no es algo exclusivo de Madrid o Barcelona; estamos viendo fondos que miran operaciones en Alicante, Valencia, Málaga… ciudades donde hay talento y empresas con potencial. He tenido la oportunidad de colaborar con fondos para diferentes proyectos y la realidad es que estos inversores aportan mucho más que dinero: traen gobierno corporativo, contactos y disciplina financiera.

El crowdfunding y el crowdlending han abierto una puerta muy interesante para proyectos que tienen un componente emocional o comunitario fuerte. He visto empresas de alimentación ecológica o proyectos de coliving que han levantado capital de esta forma con gran éxito, porque conectan directamente con su comunidad.

Los business angels, con tickets de entre 25.000 y 150.000 euros, siguen siendo esenciales en las primeras etapas. Y un dato que me parece revelador: los fondos públicos participaron en 115 operaciones en 2025, con un crecimiento sostenido año tras año, lo que demuestra que el sector público también está apostando fuerte.

Lo importante es entender que no hay un instrumento mejor que otro en abstracto; lo que hay es un instrumento más adecuado para cada situación concreta. Y eso es precisamente lo bonito de este nuevo ecosistema: que las empresas tienen más opciones para encontrar el traje a medida.

 


«Las fintech han reducido drásticamente los tiempos: hoy puedes tener respuesta en 48 horas»


 

La tecnología también está transformando el acceso a capital. ¿Qué papel están jugando las plataformas fintech, el análisis de datos o la inteligencia artificial en la financiación empresarial?

La tecnología está cambiando las reglas del juego, y lo hace a una velocidad que a veces nos cuesta asimilar.

Las plataformas fintech han reducido drásticamente los tiempos. Antes, pedir un préstamo significaba semanas de papeleo. Hoy hay plataformas que, con acceso a tus datos contables, te dan una respuesta en 48 horas. Para una pyme que necesita financiar una operación puntual, eso es un cambio radical.

El análisis de datos está permitiendo evaluar el riesgo de forma mucho más precisa. Ya no se trata solo de mirar un balance y una cuenta de resultados: se analiza el comportamiento de pagos, la estacionalidad, las tendencias del sector… Esto beneficia especialmente a empresas jóvenes que no tienen un histórico largo, pero sí datos en tiempo real que demuestran su viabilidad.

Y la inteligencia artificial, que es una herramienta que yo mismo utilizo a diario en mi trabajo de consultoría, está transformando cómo preparamos y presentamos los proyectos. Nos permite construir modelos financieros más sofisticados, hacer análisis de sensibilidad más rápidos, y generar documentación de calidad para presentar ante inversores o entidades financieras. No sustituye el criterio humano, pero multiplica nuestra capacidad de análisis.

Un dato que a mí me parece revelador: hay fondos de inversión que ya usan algoritmos de IA para hacer el primer filtro de proyectos. Si tu business plan no está bien estructurado y no cuenta una historia coherente con los números, ni siquiera llega a la mesa de un analista. La tecnología eleva el listón, pero también te da herramientas para superarlo.

 


«Vamos hacia un modelo mucho más transparente, rápido y personalizado»


 

Pensando en el futuro, ¿Cómo crees que la tecnología va a cambiar la relación entre empresas, inversores y entidades financieras en los próximos años?

Creo que vamos hacia un modelo mucho más transparente, rápido y personalizado. Y eso, para las empresas, es una gran noticia.

En primer lugar, la transparencia. Las plataformas digitales están creando un ecosistema donde la información fluye en ambas direcciones. El inversor puede acceder a dashboards con datos en tiempo real de la empresa —KPIs, MRR, burn rate, pipeline comercial— y la empresa puede comparar condiciones de financiación de múltiples fuentes en un solo clic. Esto reduce asimetrías y hace las negociaciones más justas.

En segundo lugar, vamos a ver una hiperpersonalización de los productos financieros. La banca y los fondos van a ofrecer soluciones a medida basadas en el perfil de cada empresa, no en categorías genéricas. Ya lo estamos viendo con programas como BBVA Spark para startups tecnológicas, CaixaBank DayOne o el programa BStartup de Sabadell. Imagina un mundo donde, en función de tus métricas operativas, una plataforma te sugiere automáticamente el mix óptimo de financiación: un préstamo ENISA que refuerce fondos propios, una línea ICO para el activo fijo y una ronda seed para acelerar la expansión comercial. Ese “árbol de decisión financiera” que hoy construimos manualmente con las empresas, mañana lo generará un algoritmo

Y en tercer lugar, creo que la figura del asesor financiero no va a desaparecer, sino que se va a transformar. Las tareas más mecánicas —recopilar datos, generar informes, comparar opciones— las hará la tecnología. Pero el criterio estratégico, la negociación, el conocimiento del tejido empresarial local, la capacidad de sentar en la misma mesa a las personas adecuadas… eso seguirá siendo profundamente humano.

Los inversores repiten que “apuestan por jockeys, no por caballos”. Al final invierten en personas. Y las personas se conocen mirándose a los ojos, no a través de un algoritmo. La tecnología nos va a dar mejores datos; a nosotros nos toca seguir construyendo las mejores relaciones.

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